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MERCEDES
PARDO La Quimera del Color Willy Aranguren* Sábado, 26 de marzo de 2005 El jueves santo, 24 de marzo, Mercedes Pardo nos ha dejado. Ajustaría los 83 años en julio próximo. Había estudiado en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas “Cristóbal Rojas” de Caracas y en Santiago de Chile. Trabajó por muchos años, como docente y artista en los talleres infantiles impartidos en el Museo de Bellas Artes de Caracas. La conocí hacia finales de los setenta cuando, junto a su esposo, el artista Alejandro otero y sus hijos, frecuentaban la recién creada Galería de Arte Nacional; me correspondió ser su compañero de jurado en el XX Salón de Arte de Fuego (Valencia, UC, 1992) y definitivamente la Exposición Retrospectiva que brindó la Galería de Arte Nacional me impactó sobremanera. La obra de Pardo era fundamentalmente colorística, cromática, dentro de los preceptos del abstraccionismo lírico aunque también llegó a cultivar, con mucha más fogosidad, el arte conceptualizado por Mondrian. Intuyo además que sus logros se debieron en parte a su ubicación dentro del grupo que hizo historia a partir de Los Disidentes y a su incursión amorosa por el mundo de los niños, pues su color más que racionalista fue azaroso y tropical, también de experimentación, que vale decir de sorpresas, ante los elementos pictóricos, extrapictóricos, conformación de collages y de texturas, en la utilización de maderas, en la elaboración de bellas serigrafías, pero donde siempre reinaba el color, el cromatismo. El amigo crítico de arte Juan calzadilla, me ha cedido un texto inédito que realmente envuelve gran parte de la creatividad desplegada por esta artista venezolana que ahora comparto con ustedes: “Durante muchos años en su labor como docente de los talleres de arte infantil que se dictaban en el Museo de Bellas Artes, Mercedes Pardo dedicó su tiempo a una experimentación que a la larga tuvo magníficos resultados para su propia obra. Empleaba el collage, la impresión monotípica sobre recortes de periódico, y gran variedad de tintas, mezclando todo de un modo heteróclito o manteniendo la independencia de cada medio. Esta experiencia podría servir de punto de partida para analizar una obra que, como la suya, ha dependido tanto de la experimentación y la lucidez, a lo largo de todas las etapas de su trabajo. Al collage debe ella el fruto recogido en una pintura en la cual los colores, sometidos a sus relaciones, están distribuidos en formas geométricas cuya suma debe armonizarse, como pedía Mondrian, de acuerdo con las asimetrías de los planos dispuestos en áreas de extensión irregular y según su posición en el espacio del cuadro y las diferentes intensidades de los pigmentos. Esto significa que la jerarquización de los elementos en una pintura debería obedecer a un principio de subordinación bien calculado, pero puesto en práctica durante el proceso mismo de realizar la obra. Los trabajos de Mercedes Pardo, por eso, responden a una voluntad expresiva que tiene como fin significar emotivamente, muy lejos de esa relación neutra y distanciada del espectador que propugnan los constructivistas. En todo caso, las rupturas, si las hubo, que se han producido en su trayectoria han sido lenta y meditadamente subsanadas mediante ese eslabón siempre presente en su obra que es el collage. Los papeles recortados que realizó en varios períodos de su obra constituyen pautas obligadas cuando ella ha necesitado tomar aliento para retomar la pintura”. Paz a sus restos y un abrazo para sus hijos! |
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