Mercedes, la mujer árbol.

 

 

Qué difícil ha sido cambiar el verbo, dejar la costumbre de decir, es como, a, fue como, parece tan fácil. Tres días de silencio me han costado  poder decirlo,  mi conclusión ha sido que la forma  correcta de referirme a ella es utilizar la palabra siempre, siempre será. Ahora mi pregunta es si debo utilizar el “cómo”, como mí…Y ahora siento que ya no lo debo usar, ella era, es y será  mi madre.

Segundo pensamiento antes de dar paso al sentimiento.

Y el derecho real de los otros…de los legítimos, los orgánicos, biológicos, ellos también son, en verdad qué son. No estaré ocupando un espacio de otro?, no son Carolina, Mercedes, Alejandro José …..gil, gil, los únicos, los que  eran, son, serán…y yo? Yo podría alegar que siempre estuve allí, esa sería mi mejor defensa, pero, quién me acusa?, para qué la necesito, la defensa. Entonces haría mi alegato, pasaría horas usando frases hechas y argumentos lógicos para justificar frente a los otros que ocupo ese espacio, porque soy yo el que siente esa necesidad…pero qué dijo ella, lo sentía igual, eso es lo importante. Pero ella se refería a mí en los mismos términos, en Bellas Artes fue clara, me lo dijo, me lo hizo sentir, y yo me lo creí.

Siempre estuvo allí?,  su persona, su obra o su recuerdo, desde hace mucho y a cada rato eran nombradas, mencionadas, todas ellas están en mí, junto a este sentimiento que hasta hace pocas horas tenía un solo nombre, quizás dos, ahora son tres, tres son sus nombres. Antes eran amor, quizás,…gratitud. Ahora: amor, gratitud y dolor.

Tercer alegato; dejo rienda suelta al sentimiento.

El miedo a ser cursi, que me exceda en el uso de la palabra, a no poder controlar el poder del verbo, y sobre todo, conseguir las palabras exactas para hacer  que este grito de dolor retumbe en estas palabras por siempre, cómo hacer para  que su fuerza no se pierda en el tiempo, se diluya con el paso de  las horas. Que sea eco eterno de un sonido originario de dolor, dolor primario, pero sobre todo, de mucho amor y admiración. Una sola frase, cuatro palabras que nos dicen tanto: tanto de  recuerdo, tanto del  silencio, la  ausencia, generosidad, temor y pare de contar, porque ella inspiraba todos estos sentimientos, muchas sensaciones, recuerdos de visiones, colores, olores, una sola  frase que lo dice todo: Mercedes  ya no está.

Sin tí tu casa está vacía, sin tí tu taller es sólo espacio donde habitan tus objetos, solo en tus obras te seguiré consiguiendo, les diré a ellas lo que no te dije, buscaré en ellas las respuestas a todo aquello que no sé, pero ya no estará tu voz, viva voz. Ahora entre tú y yo se han instalado el silencio, el dolor y la muerte.

Descansa en paz.  Carlos Ignacio